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TESTIMONIOS |
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Andrés Rojas Murphy en "Fulgor y muerte de Joaquín Murieta", de Pablo Neruda.
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ANDRÉS ROJAS MURPHY (Del libro "Jorge Lillo Nilo, Un hombre de teatro", de Hernán Lillo Nilo) Pedro Pablo, lloró el domingo. El domingo por la noche mi pequeño hijo Pedro Pablo empezó a llorar. Lloraba por su padrino. La noticia me la dio telefónicamente mi otro compadre, Tenninson Ferrada: murió Jorge Lillo. Y Pablito que quería a su padrino, lloraba. Él ya sabía que nunca más lo volvería a ver. aunque exteriormente yo no lloraba, mientras consolaba a mi hijo y trataba de hacerle entender lo que era la muerte, amargas lagrimas caían sobre mi corazón. Ser actor es una de las profesiones más extrañas del mundo. La carrera teatral está llena de altibajos, plena de momentos de triunfos o de tremenda soledad. Hay días de alegría y días de tristeza. Sol y sombra, Luz y oscuridad. Pero el actor ama su carrera. Soporta todo por el inefable placer de estar en el escenario. El actor es el único ser que se amarga cuando no tiene trabajo, aunque le sigan pagando. Y si bien hay momentos de triunfo al escuchar la dulce música del aplauso, el arte de actuar es el más efímero de todos. Nada queda de un actor de teatro salvo el recuerdo: vive mientras esta presente en la memoria o en el corazón del público. Jorge Lillo era un actor. Un gran actor. Amaba el teatro sobre todas las cosas. Era feliz cuando subía al escenario y daba vida a los múltiples personajes que interpretó en su larga carrera teatral. Además era un hombre culto, sensible, que nos entregó el arte en varias dimensiones: escritor, pintor, director, locutor. Amaba la vida y vivía en integridad el placer de mostrar a los demás cómo los artistas forman parte esencial de la existencia humana. Dirigió y escribió varios "Clásicos" que presentó en el Estadio Nacional. Tuve el honor y el placer de trabajar junto a Él. Aprendí mucho de su talento, de su responsabilidad, de su devoción por el teatro. Muchos lo recordarán por su trabajo de actor, otros por sus escritos. Los más por su estudio abnegado, serio, de gran vuelo artístico, que realizó para los grandes "Clásicos", que dirigió, cuando hacerlos era una verdadera hazaña: no se contaba con los medios técnicos de que hoy se dispone. Pero todo eso lo suplía Jorge Lillo con talento, con esfuerzo, con dedicación. ¡Quién ha olvidado su "Gabriela Mistral" o el homenaje que hizo a la Universidad de Chile en su "Saludo en primavera". Recordaremos siempre a Jorge Lillo como gran artista, como gran amigo. Yo fui uno de ellos por muchos años. Con todos los actores haremos que no se le olvide. Si efímera es nuestra labor, si nada queda que perpetúe materialmente nuestra entrega, en el caso de Jorge Lillo -mi compadre Jorge Lillo por el que lloraba mi pequeño hijo- será diferente. Estoy seguro. Su figura triunfará sobre la muerte y el olvido. Vivirá en el corazón de los actores y, lo que es más importante, en el corazón del público que tuvo el privilegio de verlo actuar. El 28 de septiembre de 1975 se nos fue un gran actor chileno. Se llamaba Jorge Lillo Nilo. Andrés Rojas Murphy, destacado actor de teatro, radio, televisión y cine, falleció el 11 de diciembre de 2008, a la edad de 82 años. Su último trabajo en cine fue en la película “Cachimba”, de Silvio Caiozzi, y en televisión, en la serie “La vida es una Lotería”. Durante su dilatada carrera también compiló dos libros de ciencia ficción (“El mundo que no veremos” y “Antología de Cuentos de Ciencia Ficción Chilena”). |
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